Para crear su imprenta, Gutenberg adaptó una prensa de madera, de las que se usaban para moler la uva en la preparación del vino. Él era orfebre, y sus conocimientos le fueron de gran utilidad. En realidad no inventó nada nuevo, su gran logro fue perfeccionar una técnica ya utilizada en Mesopotamia (utilizaban piedras con símbolos tallados para fijarlos en arcilla) y China (gravaban imágenes y letras en tablones de madera para fijarlos por ejemplo sobre telas de seda).

Más allá del interesante proceso que siguió Gutemberg para la construcción de su imprenta (y que le llevó a la ruina), el invento significó una revolución cultural. Despegue de la industria editorial, multiplicándose el número de imprentas y de libros impresos, y, por consiguiente, incrementando en forma substancial la difusión del conocimiento.  Hasta el momento los libros se copiaban a mano en los monasterios, eso hacia que fueran caros y escasos. Tan solo ricos, Iglesia católica y universidades tenían bibliotecas.

En plena discusión y desarrollo de los conocidos “libros digitales”, rebrota una opción más, la impresión bajo demanda, opción muy interesante en el sentido de aportar soluciones.  Desgraciadamente también genera desde hace ya 2 años controvertidas discusiones en muchos casos estériles entre sectores y ámbitos enfrentados por intereses varios. Es el caso de la conocida “The Espresso Book Machine“.

Será interesante contemplar su evolución e impacto. El libro electrónico tendrá su público, sí, y la impresión bajo demanda seguramente también.

Ya era posible su uso en Estados Unidos (Biblioteca Pública de Nueva York) y en Inglaterra. Ahora su destino son las librerías, la primera ha sido Blackwell (de Charing Cross Road).